Baúl de letras

Porque siempre tendrán algo que decirnos

NOSTALGIA

Los rostros de mi Vereda no son los mismos; otros nuevos se ven por ahí, otros que no dicen nada.

La muerte se ha llevado a muchos, otros se han marchado para no ver a sus muertos en cada tramo del camino.
La indiferencia crece y mi Vereda mira con nostalgia como se alejan los camiones de mudanza; los pocos que quedan se marchan, y las casas vacías se llenan con gentes extrañas, seres fríos que cuelgan en las paredes desnudas retratos sin expresión y sin alma.

El ocaso de las esperanzas avanza y el éxodo de camiones desciende por la montaña.

Ya en la noche, salgo con mi guitarra y entono algunas melodías para ahuyentar los fantasmas; a mi paso encuentro rostros duros que me miran con desdén y desconfianza.

Con tristeza subo al cerro y la voz lúgubre de mi Vereda pregunta, y tú ¿cuándo partirás? Y yo le contesto: pregúntale a la muerte hermana, pregúntale a la muerte.

Anuncios

HASTÍO

Quería tan sólo intentar vivir aquello que tendía a brotar espontáneamente de mí. ¿Por qué había de serme tan difícil?
Demián- Hermann Hesse

No reír, no cantar, no desear; alguien lo ha decidido; políticas de mi mente, quizás.
Mis pasos se cansan sin avanzar; y una sonrisa se borra en el intento.
Mis manos, en un ademán de caricias se ocultan en los bolsillos de mi pantalón; ¡cobardes, atreveos, salid y palpad el mundo!, ordeno en balde.
Mi cuerpo se ha anclado en un pantano de desesperanza; soy un monumento humano, un monumento al tedio.
¡Ah Hamlet! Moriremos, dormiremos, ¡soñaremos acaso!

GRAN RECONOCIMIENTO

Hoy, quiero felicitarlos a todos, por ese gran reconocimiento.
Esto marca un precedente en la historia de nuestro barrio, pues hemos trascendido las fronteras y lo más importante lo hemos hecho con nuestras palabras y en busca de nuestros sueños.
Quizás sea la menos indicada para hablar y quizás también mis aportes solo se limiten a la publicación de mis necios pensamientos; pero bueno, es la forma en que creo, puedo contribuir.
Muchachos, hoy ustedes son un paradigma, un ejemplo que quizás muchos seguirán; una muestra de que los esfuerzos tienen su fruto.
Don Alvaro y Gabriel, gracias por su dedicación, por ese interés tan grande en que salgamos adelante con esto, por esa tolerancia, sobre todo con los hijos pródigos de los cuales me considero una; pero bueno, a algunos nos toco así.
Nuevamente felicitaciones, los quiero.

El ademán de las palabras

Definitivamente muchas cosas no se dirán.
Los labios intentan pero reprimen la palabra y el silencio me duele como una herida mortal.
Ahora que tengo las ideas claras, encuentro impertinentes todos los momentos y ninguno parece propicio para hablar.
Lo diría; diría todo lo que tengo para decir, si no tuviera la certeza de que el momento para decirlo ha pasado; si no tuviera la seguridad de que mis palabras ahora son vanas.
Y sin embargo, los labios se entreabren en otro intento, pero la sensatez domina el impulso y el silencio nuevamente hiere.

No eran indiferentes (breve cuento)

El sonido de las balas cada vez se escuchaba más cerca; entonces todos alzaban la voz para no escuchar, y formaron una fiesta cuyo motivo siempre ignoré.
Todos a su manera buscaban la forma de hacer ruido. Vi a Julio entrar en su casa y subir el volumen al estéreo.
María Inés pisaba incansablemente el pedal de su máquina de coser para no darle oportunidad a sus oídos de escuchar las detonaciones.
Los niños en el parque gritaban muy fuerte e improvisaban rondas interminables.
Callar significaba escuchar y aceptar la guerra.
Pero la sentencia se había dictado ya contra mi pueblo; nuestro destino era ineluctable.
Una especie de mórbida realidad me obligó a salir al balcón para mirar como, con gran diligencia se acercaban las tropas. Cada estallido me procuraba un estremecimiento mortal.
En ese momento me di cuenta de que mi pueblo no era indiferente a su condena; ellos solo disfrazaban su miedo con una actitud de fiesta.

Evolución

Algo ha cambiado; el paisaje es otro porque alguien hace falta en él.
Su ausencia basta para que todo se modifique; el olor, el color; la percepción es otra.
El mundo que él le significaba ya no está y ahora todo es desierto a su alrededor; hasta el más verde bosque está seco.
Todo es oscuridad, la luz del día no llega y la noche es eterna.
El recuerdo insiste y se hace terco; el recuerdo es impertinente y se torna necio.

El juego del callar

Callaba poco a poco, callaba lentamente; cada vez decía menos, cada vez quitaba algunas sílabas más.
Callaba porque las palabras ya no surtían efecto; callaba porque ya el silencio era más locuaz.
Comencé a callar una tarde fría, comencé a callar mientras decía y cada vez decía menos.
También el felino parecía entrar en el juego del callar; su lenguaje era de ausencias y pisadas silenciosas.
Y el callar seguía su curso.
Callaba para ahorrar aliento; callaba para oír al viento; callaba para no escuchar.