Baúl de letras

Porque siempre tendrán algo que decirnos

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FUGAZ

Nunca tan distantes como en aquel momento, en el que nuestros cuerpos se hallaban tan cerca;
nunca tan solos a pesar de la presencia;
nunca tan sordos, nunca tan mudos a pesar de la elocuencia.

Era más fácil buscarte en esa lejanía en la que se perdían tus ojos, en ese lugar impreciso del cosmos que se adueñaba de tu mirada perpleja, mientras que yo inútilmente te buscaba en esta tierra incierta.

Acaso te encontrara en una constelación desconocida para el hombre,
acaso en una estrella errante que al igual que tú, buscara fugarse a otros mundos en los que su luz no se extinguiese al despuntar el alba.

Nunca tan fríos, nunca tan yertos, como en aquella noche en la que una hoguera se atizaba con el viento; en la que, mirándote, esperaba tu regreso.

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Tu otra piel


No, no es esta piel desnuda y tangible la que quiero tocar, aunque la que anhelo sea tan impalpable pero tan visible como el paisaje crepuscular de la tarde.
Es esa otra piel de tules casi imperceptibles que guardan con gran celo la esencia de tu ser.
Una piel que sin color me entrega la gama más selecta.
Una piel que sin sabor me hace degustar la más deliciosa ambrosía y el más embriagante de los nepentes.
Una piel que sin olor, me penetra con las más dulces fragancias del universo.
Es esa otra piel; esa que me ocultas, esa que me niegas, pero que me ofreces en cada mirada.

Poema de invierno #2

Aún no es, pero pronto será. A lo lejos se escucha el eco de los truenos como tambores de guerra.

El polvo se levanta con la furia del viento, se arremolina y danza cual rogativa implorante hecha a la Diosa de diosas.
Las ranas saben más de estas cosas porque conocen bien el conjuro.
El hombre…, bueno el hombre es frívolo y su intuición se limita sólo a los placeres del goce.
En cuestiones de clima, el hombre prefiere dar crédito al canto de las ranas.

Poema de invierno #1

No es que los días de lluvia sen tristes, pero se parecen a la tristeza de aquellos que transitan por la vida sin una esperanza.
Y no es que los días de lluvia sean días solitarios, pero se parecen a la soledad de los hombres que no han conocido otra compañía que la de sus propias sombras.
Y no es que los días de lluvia sean oscuros, pero se parecen a la oscuridad de aquellas almas que sin más remedio aprendieron a caminar en las tinieblas.
No; no es que los días de lluvia sean lúgubres, aciagos o melancólicos; pero…se parecen, se parecen.

HASTÍO

Quería tan sólo intentar vivir aquello que tendía a brotar espontáneamente de mí. ¿Por qué había de serme tan difícil?
Demián- Hermann Hesse

No reír, no cantar, no desear; alguien lo ha decidido; políticas de mi mente, quizás.
Mis pasos se cansan sin avanzar; y una sonrisa se borra en el intento.
Mis manos, en un ademán de caricias se ocultan en los bolsillos de mi pantalón; ¡cobardes, atreveos, salid y palpad el mundo!, ordeno en balde.
Mi cuerpo se ha anclado en un pantano de desesperanza; soy un monumento humano, un monumento al tedio.
¡Ah Hamlet! Moriremos, dormiremos, ¡soñaremos acaso!