Baúl de letras

Porque siempre tendrán algo que decirnos

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El comienzo de un largo camino

Hace algunos años tomé la decisión de retomar mis estudios, aquellos que abandonara en mi juventud por esas circunstancias de la vida.
Comencé por validar el bachillerato en el Instituto Corferrini, en su programa semipresencial de los domingos.
Mientras hacía esto, iba alimentando mi sueño de continuar mis estudios superiores, a pesar de que ya los años habían pasado y las posibilidades de pasar a una universidad a la que se presentaban miles de personas, era bastante remota, y más aún cuando debía disputarme un puesto con miles de jóvenes que recién salían de una secundaria regular, y además de esto tenían una preparación preuniversitaria.
Pero esto no me detuvo, y cuando terminé la validación me presenté a la Universidad de Antioquia.
No pasé a la primera, ni a la segunda; pero la tercera fue la vencida; pasé a la Facultad de Licenciatura en Lengua Castellana de la U de A.
Sé que el camino será largo y difícil, pero, pocas cosas son fáciles en la vida.
Hoy entregué la papelería requerida; comienzo el primer semestre a mediados del mes de abril.
Solo quería compartir esta gran satisfacción con ustedes.

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Solo una noche

Le ofrecí mis manos, mis ojos y mis palabras; pero mis manos se quedaron tendidas, mis ojos la siguieron hasta la puerta y mis palabras no lograron alcanzarla.
Recuerdo que su cabello se confundió con el mío en la almohada, pero de repente comenzaron a salir mis primeras canas. Nunca me perteneció menos que ahora, en estos recuerdos; nunca fue mía ni lo será jamás.
Solo fui un vientre, porque no quiso ver mis ojos, ni mis manos y tampoco quiso escuchar mis palabras.
Solo una noche la tuve a mi lado y mientras la luna hacia su recorrido, yo sentía su cuerpecito como una crisálida ansiosa por romperse.
En vano le ofrecí la leche de mis pechos; en vano traté de atraer su mirada que siempre se dirigió hacia la puerta.
Ya en la madrugada observé la más fantástica de las mutaciones; aquella bebita que había nacido la noche anterior, aquel cuerpecillo frágil, se convulsionaba mientras sus miembros se alargaban y maravillosas curvas moldeaban su silueta.
Sus senos se irguieron, sus piernas se tornearon y la firmeza de sus carnes dio forma a una bella mujer.
Su rostro fino parecía irradiar luz propia, y sus ojos grandes, que nunca me miraron, esperaban ansiosos los primeros rayos del sol para partir.
Su cuerpo desnudo permaneció sentado en el borde de la cama; intente alargar mi mano para acariciar sus largos cabellos negros, pero no lo hice, pues presentía que mi misión estaba cumplida.
Y, de pronto, la habitación se llenó de luz, y la esbelta figura avanzó hacia la puerta.
Nunca más supe de ella; en ocasiones me parece verla en la habitación contigua, viendo la televisión; en ocasiones también, me parece escuchar un susurro que me llama… mamá; pero son solo fantasías que se forjan en mi mente.
Fue una noche, tan solo una noche.

VUELVEN LOS PLENILUNIOS

Quiero invitarlos para que nuevamente le rindamos homenaje a la misteriosa dama de la noche.
En vista de la gran acogida que tuvieron los plenilunios y siendo estos una buena forma de integración para el grupo, he tomado la decisión de realizarlos como lo veníamos haciendo cada mes.
La cita será el próximo domingo 8 de febrero a las 4:30 p.m. en la biblioteca Pública Piloto filial La Loma.
Los espero y ojalá lleven algún poema para leer.
También cantaremos y esperamos agregar a nuestro repertorio nuevas canciones.

Después de tu piel

Después de tu piel está la calma, el descenso de las alturas que logro alcanzar en tus fuentes de agua tibia.

Después de tu piel está el sosiego, el letargo invernal del reposo.

Después de piel está la mirada dulce y soñolienta, el sexo mustio, el olor del placer.

Después de tu piel está la nicotina que se desprende de un cigarro, está el olor del sándalo que emana del pebetero y nos envuelve en sus hilos de seda, está la saliva seca en nuestra epidermis desnuda.

Después de tu piel está la madrugada, el rayo de sol que acaricia la espalda, el concierto matutino.

Después de tu piel está la despedida, un beso cálido y fugaz, un adiós, un hasta pronto, un quizás.

Después de tu piel estás tú, recurrente, inconstante, amante furtivo.

El camino

Renuncio, sí; renuncio a la empresa inútil de recuperar lo perdido.

Los años pasan y el camino no me devuelve lo que se ha llevado.

Por ese camino he visto como se marcharon  el amor, los sueños, las ilusiones y las esperanzas; nunca ninguno de ellos volvió a tocar a mi puerta; en vano he esperado ver crecer la silueta que un día se hizo pequeña hasta desaparecer.

Renuncio, y también por ese camino emprenderé mi partida, mi viaje sin retorno.

De la música

El hombre es un ser de evolución moral, tendiendo ésta a una ineluctable decadencia.


Los nuevos géneros musicales son un buen ejemplo de la degradación de la psique de la humanidad, en los que la ausencia de liricidad, romanticismo y sentido social, demuestran el mórbido objetivo de las nuevas “tendencias” musicales.


Música ahora parece llamarse a cualquier ruido estridente; música ahora, parece ser cualquier obscenidad adornada con sonidos sintéticos.


Si la música es el arte de combinar los sonidos y el arte debe ser sublime, no tiene sentido entonces llamar música, a aquello que se vende como pan caliente recién sale de las casas disqueras.


Las nuevas generaciones llaman clásicos a aquellos temas musicales que suenan en la radio hace poco más de un año, demostrando así su insustancialidad y fugacidad.


Los clásicos, los verdaderos clásicos, son aquellos que llevan siglos de trascendencia y que cada que se escuchan se transforman en evocación.


Sería bueno que los jóvenes miraran otras opciones y se detuvieran a  pensar por qué la música universas es también la música trascendental.


No quiero que piensen que me dirijo de forma  peyorativa hacia la forma como se hacen ahora las cosas; pero pienso que el pentagrama y las notas musicales, tienen que usarse para hacer verdadera MÚSICA.

Más cosas de Horacio

Horacio ronronea mientras me mira escrutador; no logro penetrar en el túnel de sus ojos; no logro ver nada a través de sus cristales de jade.

Horacio hoy me ofrece su infranqueable mundo de felino en un par de pupilas dilatadas.

¿A dónde querrá llevarme Horacio por el sendero verde de sus pensamientos?