Baúl de letras

Porque siempre tendrán algo que decirnos

Archivo para febrero 14, 2009

Solo una noche

Le ofrecí mis manos, mis ojos y mis palabras; pero mis manos se quedaron tendidas, mis ojos la siguieron hasta la puerta y mis palabras no lograron alcanzarla.
Recuerdo que su cabello se confundió con el mío en la almohada, pero de repente comenzaron a salir mis primeras canas. Nunca me perteneció menos que ahora, en estos recuerdos; nunca fue mía ni lo será jamás.
Solo fui un vientre, porque no quiso ver mis ojos, ni mis manos y tampoco quiso escuchar mis palabras.
Solo una noche la tuve a mi lado y mientras la luna hacia su recorrido, yo sentía su cuerpecito como una crisálida ansiosa por romperse.
En vano le ofrecí la leche de mis pechos; en vano traté de atraer su mirada que siempre se dirigió hacia la puerta.
Ya en la madrugada observé la más fantástica de las mutaciones; aquella bebita que había nacido la noche anterior, aquel cuerpecillo frágil, se convulsionaba mientras sus miembros se alargaban y maravillosas curvas moldeaban su silueta.
Sus senos se irguieron, sus piernas se tornearon y la firmeza de sus carnes dio forma a una bella mujer.
Su rostro fino parecía irradiar luz propia, y sus ojos grandes, que nunca me miraron, esperaban ansiosos los primeros rayos del sol para partir.
Su cuerpo desnudo permaneció sentado en el borde de la cama; intente alargar mi mano para acariciar sus largos cabellos negros, pero no lo hice, pues presentía que mi misión estaba cumplida.
Y, de pronto, la habitación se llenó de luz, y la esbelta figura avanzó hacia la puerta.
Nunca más supe de ella; en ocasiones me parece verla en la habitación contigua, viendo la televisión; en ocasiones también, me parece escuchar un susurro que me llama… mamá; pero son solo fantasías que se forjan en mi mente.
Fue una noche, tan solo una noche.

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