Baúl de letras

Porque siempre tendrán algo que decirnos

Archivo para julio 7, 2008

Cosas de Horacio

Llevo un buen rato buscando a Horacio y lo único que escucho es su pequeño cencerro, y un suave ronroneo que me da a entender lo divertido que se le hace esconderse de mí.

Horacio me reta en la oscuridad, porque sabe que mis ojos no pueden ver lo que los suyos ven el las tinieblas.

Por momentos, su cuerpo afelpado se enreda en mis piernas, acompañado este acto de un maullido burlón; luego su campanilla se aleja y la escucho en un lugar impreciso de la casa y cuando me dirijo allí, lo escucho ya en otra de las habitaciones.

De pronto ya no escucho a Horacio; ni su ronroneo ni su cencerro se sienten más. En vano lo busco a tientas por cada rincón.

Cuando el apagón ha pasado y se han encendido nuevamente las luces, lo veo, dulcemente dormido en su mullido cojín; el único lugar en el que no se me ocurrió buscarlo.

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