Baúl de letras

Porque siempre tendrán algo que decirnos

Archivo para junio 21, 2008

Carta a Franz Kafka

Querido Franz

 

Sé que desde hace tiempo me esperas allá, en las sombras, ocultándote aún de la mirada escrutadora del tirano.

Te escribo para pedirte que esperes un poco más, para decirte que no desesperes, porque ya he comenzado a despedirme del mundo de los mortales para reunirme contigo.

Nuestra cita -mi queridísimo homologo en la desesperanza y la soledad- se cumplirá ineluctablemente.

Pronto caminaremos juntos, libres de la carga de un cuerpo maltratado, libres de las injusticias y la crueldad, libres del prejuicio social; solas nuestras almas se abrazarán en un único y eterno dolor.

Me apena saber que has tenido que soportar solo la amargura de una existencia truncada por la adversidad y la cobardía y que aún después de marcharte, continúas ocultándote detrás de unas manos que no alcanzan a cubrir tu rostro avergonzado y pusilánime.

Te conocí una tarde cuando abrí uno de tus libros y descubrí que ni siquiera la muerte podría redimirte del martirio que te imputó la existencia.

Y allí, por aquellas páginas, te deslizabas como un espectro vagabundo y errante; y me mirabas, te detenías y me mirabas con ojos de súplica, con esos ojos tristemente dulces me pedías que te emancipara de los grillos de la desesperación.

Entonces supe que me conocías, que tu imaginación me había idealizado en un futuro remoto; sabías que nacería y que también yo conocería rigurosamente el dolor y el sufrimiento y sabías muy bien que mi morada en el mundo sería la soledad.

Y te marchaste prematuramente porque sabías que nuestra cita no se cumpliría acá si no allá, fuera de los límites del cosmos.

Espera un poco Franz, y mientras tanto otéame desde la distancia; observa como me enajeno en tus libros, como te veo vagar por tu pasado de calles tristes; espérame mientras poco a poco me despojo de esta materia que aún me encadena al mundo y me impide reunirme contigo para cumplir nuestra cita. 

 

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