Baúl de letras

Porque siempre tendrán algo que decirnos

Archivo para agosto 6, 2007

Este es un cariñoso saludo para los muchachos del blog

Quiero manifestarles mi admiración por ese trabajo tan maravilloso que están realizando en el barrio. Ustedes son jóvenes admirables que le devuelven la fe y las esperanzas a esta comunidad. Acá no todo es malo y ustedes son prueba de ello.

Soy madre y sé que nuestros hijos dejan de ser nuestros para pertenecerle al mundo y buscar en él un espacio propio, una identidad.

Por eso quiero dedicarle a todos este breve cuento en el que manifiesto esa realidad, que aunque dura es invariable.

Juana-Araña

Juana-Araña carga sobre su lomo un saquito blanco y redondo. Dentro del  saco hay movimiento y ansiedad.

Juana-Araña sueña con una familia numerosa; cuando sus pequeños nazcan, quiere llevarlos en expedición al viejo y frondoso árbol que se observa a la distancia.

Juana-Araña quiere en su familia arquitectos, abogados, médicos y por qué no, un poeta. Juana-Araña será madre y como todas las madres tiene sueños ajenos.

Una tarde, mientras que Juana-Araña reposa bajo la frescura de una hoja, siente la eclosión del saco y de él comienzan a salir las cristalinas criaturas.

Juana-Araña está feliz con el nacimiento de sus pequeños. Pero algo pasa; algo que ella no esperaba: los pequeños ni siquiera la saludan y comienzan a dispersarse por el bosque . Juana-Araña está confundida y corre tras unos y después tras otros y les grita que los ama y les pide que regresen.

Juana-Araña se ha quedado sola en medio del bosque observando el saco vacío, preguntándose a donde habrán ido sus pequeños y si un día volverán. 

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