Aquella tarde era hermosa y moría en medio de un silencio absoluto.
De pronto, ese silencio se rompía con las fuertes detonaciones de un fusil; entonces me daba cuenta que no era la tarde la única que moría en aquel momento,
El sol se apagaba, mientras que un corazón en algún lugar dejaba de palpitar;
La noche llegaba, mientras que un par de pupilas se perdían en la nada.
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Un contraste espantoso. Y un poema que me dejó frío. Merece estar en una buena antología de lírica latinoamericana.