Carela
Carela me prestó sus ojos por unos momentos; me horroricé y sentí una gran conmiseración por la forma nefasta en que Carela observaba el mundo.
Carela me prestó su nariz y mi pena aumentó al darme cuenta que su olfato no percibía ningún aroma.
Carela me prestó sus oídos y lloré ante tal mutismo.
Carela me prestó su lengua y en vano traté de saborear los manjares.
Carela me prestó su piel y por fin pude saber que Carela estaba muerta; vanas caricias se deslizaron por mi cuerpo.
Sí, Carela ha muerto; solo es un recuerdo con forma de mujer, que camina animado por sinergias físicas.




NO sabes cuánto festejo que hayas publicado de nuevo.
¿Sabes que pienso? A veces son una Carela que vaga por el mundo llena de desesperanza, es que el mundo de los muertos a veces no da para más nada.