In extremis
El moribundo se rehúsa a recibir los últimos sacramentos ;
la agonía lo hace sabio en su postrimería; piensa que no es justo que a la hora de su muerte, tenga que atravesársele el cuerpo reseco de Jesucristo en su garganta.
El desahuciado hoy renuncia a ese cielo que ganó con indulgencia y oración.
Nunca es tarde para ser un hombre libre -dice- mientras sus ojos se quedan ausentes.