Quiero manifestarles mi admiración por ese trabajo tan maravilloso que están realizando en el barrio. Ustedes son jóvenes admirables que le devuelven la fe y las esperanzas a esta comunidad. Acá no todo es malo y ustedes son prueba de ello.
Soy madre y sé que nuestros hijos dejan de ser nuestros para pertenecerle al mundo y buscar en él un espacio propio, una identidad.
Por eso quiero dedicarle a todos este breve cuento en el que manifiesto esa realidad, que aunque dura es invariable.
Juana-Araña
Juana-Araña carga sobre su lomo un saquito blanco y redondo. Dentro del saco hay movimiento y ansiedad.
Juana-Araña sueña con una familia numerosa; cuando sus pequeños nazcan, quiere llevarlos en expedición al viejo y frondoso árbol que se observa a la distancia.
Juana-Araña quiere en su familia arquitectos, abogados, médicos y por qué no, un poeta. Juana-Araña será madre y como todas las madres tiene sueños ajenos.
Una tarde, mientras que Juana-Araña reposa bajo la frescura de una hoja, siente la eclosión del saco y de él comienzan a salir las cristalinas criaturas.
Juana-Araña está feliz con el nacimiento de sus pequeños. Pero algo pasa; algo que ella no esperaba: los pequeños ni siquiera la saludan y comienzan a dispersarse por el bosque . Juana-Araña está confundida y corre tras unos y después tras otros y les grita que los ama y les pide que regresen.
Juana-Araña se ha quedado sola en medio del bosque observando el saco vacío, preguntándose a donde habrán ido sus pequeños y si un día volverán.




pues hojala que no te haya pasado a ti y si entendi el cuento creo que las ilusiones de muchos de nosotros lograremos que no se escapen muchas gracias